TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN Y LA
COMUNICACIÓN EN PSICOLOGÍA CLÍNICA Y LA
EDUCACIÓN
Las tecnologías de la información y la comunicación, últimamente han estado adentrándose a todos los ámbitos de la vida en general. Estos avances tecnológicos se han introducido también en muchos campos científicos. Por lo que respecta a la Psicología, las TIC se han aplicado en el ámbito experimental, educativo, social, psicométrico y clínico (Bornas et al., 2002 citado en Botella et al., 2007).
Se han desarrollado algunos sistemas TIC con el objetivo de promocionar, monitorizar y mejorar el estado de salud de las personas, y ayudar a los profesionales de la salud mental. Uno de ellos es la realidad virtual (RV), la cual es una nueva tecnología que permite crear un ciberespacio en el que es posible interactuar con cualquier objeto o con cualquier ser. El usuario no sólo tiene la sensación de encontrarse físicamente presente en ese entorno gráfico generado por ordenador o mundo virtual, sino que además puede interactuar con él en tiempo real.
Otro de los grandes avances tecnológicos según Botella et al. (2007) es la realidad aumentada. La RA supone la introducción de elementos virtuales en el mundo real. Se trata de generar objetos, seres, contextos, imágenes y textos virtuales, entre otros, por medio del ordenador, que puedan superponerse o incluirse en el mundo real. Esto permite al usuario ver el contexto real en el que se encuentra por medio de una o más cámaras y, a la vez, observar elementos virtuales.
Existen diferencias entre la RV y la RA. Una diferencia importante es el grado de inmersión del usuario en el sistema. Un sistema de RV envuelve completamente al usuario, se intenta que el usuario se sienta presente en el mundo virtual y que juzgue esa experiencia que está viviendo como una experiencia real. Por el contrario, un sistema de RA complementa el mundo real. El usuario está percibiendo el mundo real enriquecido o aumentado por la información adicional existente en los elementos virtuales que le proporciona el sistema de RA (Botella et al., 2007).
La utilización de Internet, por lo que respecta a la Psicología clínica, se ha materializado en un campo denominado telesalud. La telesalud es el término elegido por el Standing Committee of Family and Community Affairs (1997) que se define como “la provisión de salud a distancia”. La principal característica es la distancia entre el servicio y el usuario, y la utilización de las TIC con el propósito de facilitar esta interacción (Banshur, 1995 citado en Botella et al., 2007).
La telesalud es un término muy amplio que incluye varias disciplinas relacionadas, como la telemedicina, la telepsiquiatría o la telepsicología. La telepsiquiatría o la telepsicología han sido definidas como “el uso de la tecnología de las telecomunicaciones para poner en contacto a los pacientes con los profesionales de la salud con el propósito de posibilitar un diagnóstico efectivo, educación, tratamiento, consultas, transmisión y almacenamiento de datos médicos del paciente, investigación y otras actividades relacionadas con la provisión de los cuidados de salud” (Brown, 1998 citado en Botella et al., 2007).
Todos estos avances tecnológicos han sido sumergidos dentro del área de las ciencias de la salud mental, por ejemplo, la RV, la cual ha usado la técnica de la exposición para el tratamiento de los trastornos de ansiedad. Esta técnica consiste en afrontar de forma gradual y sistemática las situaciones o actividades que los pacientes temen y evitan como consecuencia de un problema de ansiedad. El hecho de que las situaciones no sean reales puede favorecer que los pacientes acepten mejor la exposición.
Otra área de aplicación de la RV es el uso de esta herramienta para el tratamiento de los trastornos de la conducta alimenticia, específicamente para la intervención de la imagen corporal (IC). La RV constituye una herramienta que, por sus características, se ha mostrado particularmente útil a la hora de trabajar la IC distorsionada que habitualmente presentan las personas que sufren de anorexia o bulimia nerviosa. Una gran aportación de esta herramienta es la capacidad de concretar y mostrar a la paciente y al terapeuta este constructo mental difícilmente objetivable. Mediante esta tecnología es posible representar una figura corporal en tres dimensiones en un entorno inmersivo y la persona siente que está ahí moldeando su propio cuerpo y enfrentándose a él. (Perpiñá et al., 2003 citado en Botella et al., 2007).
Otro campo de la RV es la aplicación a las adicciones. Existen ya algunos equipos de investigación que han diseñado herramientas virtuales para la evaluación y tratamiento de trastornos relacionados con el uso de sustancias como la nicotina o la heroína (Kuntze et al., 2001; Lee et al., 2003; Nemire et al., 1999 citado en Botella et al., 2007). Se ha diseñado escenarios virtuales para el tratamiento de una adicción no tóxica como es el juego patológico, donde se dispone de un escenario que representa una calle desde donde el paciente puede acceder a distintas situaciones relacionadas con el juego. Estos escenarios sirven para confrontar al paciente mediante exposición a los estímulos que generan el impulso de jugar y aprender, y practicar destrezas para superar el impulso.
También se pueden introducir elementos virtuales en los mundos reales, lo que se conoce como RA, donde el usuario ve una imagen compuesta por elementos reales y virtuales. Se ha diseñado un sistema de RA para el tratamiento de las fobias a las arañas y cucarachas. En este sistema, el paciente puede visualizar estos animales virtuales en el mundo real. Además, el programa reconoce un patrón perceptivo y proyecta sobre este patrón el animal virtual deseado; el terapeuta puede controlar el número, tamaño y movimiento del insecto.
Y por último, se han desarrollado programas de telepsicología autoadministrados por medio de Internet y apoyados con materiales de autoayuda para el tratamiento de fobias específicas: miedo a hablar en público y fobia a animales pequeños: arañas, cucarachas, ratones, etc. Estos programas tienen la característica de ser los primeros en ser totalmente autoadministrados por el usuario.
Las TIC’S además de ser un aporte muy valioso para el área de Psicología, también se encuentra muy relacionada con las ciencias de la Educación, en donde actualmente los estudiantes viven en un mundo digital con acceso a teléfonos inteligentes que les permite acceder a ilimitadas fuentes de información. Las grandes transformaciones sociales impactan a diario la cultura escolar. Sus alumnos, docentes y directivos son también parte de un mundo conectado y global, que acceden a nuevas herramientas y a experiencias de aprendizaje diversas y enriquecidas.
Los estudiantes que acceden a Internet, la usan intensamente para preparar sus trabajos escolares, reforzar conocimiento o buscar en diversos centros de recursos en línea, material de apoyo para su vida escolar. Los docentes, que cuentan con computadores y conectividad
en sus hogares, utilizan las herramientas de productividad digital para sus planificaciones, gestionar calificaciones, preparar informes y guías de trabajo.
Según Barros (2012) iniciativas como Khan Academy, dan cuenta de la posibilidad de organizar contenidos modulares de clases efectivas y compartirlas con cualquier usuario que desee incrementar o mejorar sus niveles de aprendizaje. Los aprendices, de esta forma, pueden asistir a sesiones de diversas temáticas, las veces que quieran y sin necesidad de seguir un currículum o patrón predeterminado.
La digitalización de la escuela no será un tema solamente de infraestructura tecnológica asociada al número de dispositivos, ancho de banda o acceso a plataformas de gestión de contenidos y procesos de aprendizaje. El tema más relevante, se asocia a las transformaciones culturales que la experiencia digital genere en la cotidianidad del aula y de la escuela.
Las políticas públicas han incorporado en sus presupuestos (de fondos propios o aportados por préstamos internacionales), la dotación de tecnologías en sus estrategias educativas, en los indicadores de avance y en sus estructuras burocráticas, con objetivos políticos de corto y mediano plazo. Disponer de salas de computadores, conexión a Internet, aplicaciones educativas y profesores capacitados ha pasado a ser en los últimos 20 años, una demanda primaria que debe ser resuelta en los sistemas escolares.
Siguiendo y parafraseando a Pedró citado en Barros (2012), hay cuatro razones fundamentales por las cuales, las políticas públicas están considerando destinar fondos en la incorporación de tecnologías en los sistemas escolares:
- Las demandas económicas, que requieren fuerzas laborales que posean competencias que les permitan enfrentar exitosamente los retos de una sociedad que está incorporando nuevos modelos y reglas productivas, que a su vez se sostienen en el uso de nuevas tecnologías.
- Las necesidades sociales, en las que la brecha digital aparece como un nuevo indicador de desigualdad y en donde las instituciones escolares pueden contribuir a la universalización del acceso a las oportunidades de las nuevas tecnologías.
- Los cambios culturales, en el que los cambios y transformaciones que ocurren fuera del contexto escolar presionan por incorporarse al aula y las dinámicas educativas.
- Las expectativas pedagógicas, en el que la incorporación de las tecnologías a la escuela y en particular al aula se sostienen en metas de mejoramiento de los niveles de aprendizaje y en la modernización de las estrategias de aprendizaje.
Parte importante de las iniciativas de equipamientos digitales en los centros escolares, han estado asociadas a reducir la brecha digital. Por eso no es de extrañar que muchas políticas públicas de los últimos años sean comandadas por organismos intersectoriales con fuerte presencia de las oficinas de infraestructura tecnológica nacional, incluso desplazando en el liderazgo y niveles de decisión estratégica a los organismos asociados a las políticas educativas.
Sin embargo, los datos más relevantes están asociados a nuevas conductas de generación de contenidos (publicación de vídeos, imágenes, enlaces a sitios de interés, etc.) participación en redes sociales en que la vida social junto con las reivindicaciones sociales y culturales se toman la Red.
Más acceso a nuevas herramientas para la enseñanza y el aprendizaje, disponibilidad de contenidos enriquecidos, junto con incentivos a la incorporación de nuevas tecnologías en el aula, no parecen ser suficientes para modificar indicadores duros relacionados con mejoras en los resultados educativos.
Un estudio realizado generó un indicador que estableció cuatro categorías para establecer la calidad del uso que los establecimientos escolares hacen de los recursos. Se considero, para la construcción del indicador, variables asociadas a infraestructura, administración y mantención del equipamiento, competencias en docentes y alumnos y usos con objetivos curriculares.
Pero a pesar de estas acciones, el incremento en el acceso y disponibilidad de recursos digitales en los centros escolares no está repercutiendo en las demandas por mejores aprendizajes. Según Barros (2012) en primer lugar porque la prioridad ha sido darle a un porcentaje importante de la población escolar acceso a la cultura digital, lo que no tendrían esta oportunidad sin el rol subsidiario de la escuela. En segundo lugar, porque la incorporación de tecnologías a los procesos de aprendizaje del currículum requiere de un diseño didáctico que no ha estado suficientemente presente en las estrategias de generación de contenidos, la capacitación y acompañamiento a los docentes y en la articulación con las prescripciones oficiales respecto a la implementación de los programas de estudio.
Y por último, porque en educación las relaciones de causalidad son multivariadas y es prácticamente imposible suponer que un solo factor (como es la introducción de una nueva tecnología) puede explicar o modificar los resultados de aprendizaje.
La historia de la incorporación y uso de tecnologías digitales en educación está abierta. Ya sea por las necesidades de los sistemas educativos de responder con mayor eficacia a sus objetivos, por la presión de incorporar nuevas prácticas y culturas digitales a las tareas cotidianas de la escuela, por la demanda de las nuevas generaciones (de docentes y estudiantes) de incorporar con urgencia nuevas herramientas para el aprendizaje o por otras razones que hoy no se alcanzan a vislumbrar, en esta historia se precipitarán nuevos capítulos en los próximos años.
La escuela, tal como la conocemos hasta ahora, va a tener que evolucionar. Las tecnologías serán parte de esta evolución. No podría ser de otra forma. Sin embargo, las formas cómo los recursos digitales se incorporarán a la evolución de la escuela, no resultan para nada obvias (Barros, 2012). En el futuro próximo podríamos ver sistemas de enseñanza soportados en poderosas plataformas expertas que den roles acotados al sistema escolar tradicional, para el seguimiento y refuerzo focalizado a los estudiantes.
El mercado del desarrollo del hardware y software ha empezado a mirar con interés el mundo escolar. Hoy es posible encontrar una oferta acotada, pero interesante, de productos y servicios especialmente diseñados para ser incorporados en un ecosistema educativo. Existen, al menos, dos escenarios posibles para especular respecto a qué tecnologías estarán disponibles para el mundo educacional. En un futuro cercano es posible que existan familias de productos diseñadas para docentes, estudiantes y administradores educacionales que se adapten a sus requerimientos, de acuerdo a las tareas profesionales que cada uno de ellos realizan cotidianamente.
No cabe duda que los docentes son un actor fundamental en cualquier cambio, innovación o modernización educativa. Finalmente, la calidad de la mediación que generen los educadores en el aula determinará la calidad del sistema educativo.
Según Barros (2012) los docentes que decidan aprovechar las nuevas oportunidades de las tecnologías, deberán enfrentarse a nuevos retos en relación a sus competencias profesionales. No será suficiente el entrenamiento instrumental en el uso de nuevas herramientas de productividad o en plataformas de gestión educativa. Las nuevas competencias estarán más relacionadas a las posibilidades de coordinar el trabajo en aula, considerando las oportunidades de los recursos e integrarlos en sistemas más complejos de enseñanza.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Botella, C., Baños, R., García Palacios, A., Quero, S., Guillén, V. y Heliodoro, J. (2007). La utilización de las nuevas tecnologías dela información y la comunicación en psicología clínica. UOC Papers. Revista sobre la sociedad del conocimiento. Recuperado de: http://www.redalyc.org/html/790/79000409/
Barros, A. (2012). Tecnologías digitales yeducación: mucho que contar, mucho más que hacer. PolisDigital. Algunas reflexiones en torno a políticas públicas de Desarrollo Digital. Chile. Recuperado de: http://www.alejandrobarros.com/wpcontent/uploads/2016/04/05pD_Educacion__TIC.pdf




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